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Las imágenes de vídeo muestran cómo los empleados de la cárcel, gestionada hasta el pasado 9 de octubre por la empresa británica de seguridad G4S, le ponen inyecciones a los pesos contra su voluntad y les agreden y someten a descargas eléctricas.

Los medicamentos antipsicóticos que se administraban a los internos (cinco veces a la semana, a veces incluso a presos que no tenían transtornos de ese tipo) provocan pérdidas de memoria, rigidez muscular y tienen efectos secundarios que pueden causar la muerte, según la investigación de Wits Justice Project.